Siento Consideración por Laura Moreno y Jessy Quintero: una reflexión sobre justicia, tiempo y presunción de inocencia
En abril de 2026, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia puso fin, por la vía ordinaria, a uno de los procesos penales más mediatizados de la historia reciente de Colombia. La decisión confirmó la absolución de Laura Moreno y declaró la prescripción de la acción penal a favor de Jessy Quintero, cerrando así, más de quince años después, el capítulo judicial del caso Colmenares. Como abogados, no podemos leer esta noticia sin sentir una profunda consideración por lo que representó, para dos mujeres jóvenes, cargar durante tanto tiempo con el peso de una sospecha pública.
El caso que marcó a una generación
Todo comenzó la madrugada del 31 de octubre de 2010, cuando Luis Andrés Colmenares, estudiante de Economía e Ingeniería Industrial de la Universidad de los Andes, apareció muerto en el caño del parque El Virrey, en Bogotá, tras asistir a una fiesta de Halloween. La Fiscalía construyó una teoría de homicidio que involucró a tres jóvenes cercanos a Colmenares: Laura Moreno, su novia en ese momento; Jessy Quintero, su mejor amiga; y Carlos Cárdenas, expareja de Moreno. Cárdenas fue absuelto en 2014. El caso acaparó la atención nacional durante más de una década, con cobertura extensa en medios de comunicación y hasta una producción documental internacional, convirtiéndose en uno de los procesos judiciales más seguidos en la historia reciente del país.
Quince años de incertidumbre judicial
El 20 de febrero de 2017, una jueza de Bogotá absolvió a Moreno y Quintero en primera instancia. La decisión fue apelada por la Fiscalía y por la familia Colmenares, y fue ratificada en segunda instancia a finales de 2021. Aún así, el proceso no terminó ahí: la Corte Suprema admitió una demanda de casación en 2024, manteniendo a las dos mujeres vinculadas al proceso durante aún más tiempo. Finalmente, en abril de 2026, el alto tribunal decidió no casar la sentencia absolutoria, cerrando de manera definitiva la vía ordinaria en Colombia. En su providencia, la Corte también advirtió sobre inconsistencias en la manera en que la Fiscalía estructuró la acusación contra Moreno, sin definir con claridad si debía responder como coautora del homicidio o si, en realidad, debía ser tratada como testigo del hecho.
El costo humano de un proceso mediatizado
Más allá de los términos jurídicos, el caso Colmenares tuvo un costo humano enorme para Moreno y Quintero. Durante años fueron señaladas públicamente, reconocidas en la calle y, en ocasiones, hostigadas, mucho antes de que existiera una decisión judicial en firme. Jessy Quintero optó por radicarse fuera de Colombia para poder llevar una vida más tranquila, mientras que Laura Moreno, tras un periodo en el exterior, regresó al país, rehizo su vida y formó una familia. Su defensa ha destacado en varias ocasiones la entereza que ambas mostraron para sostener, durante más de una década, un proceso que las expuso como culpables mucho antes de que la justicia se pronunciara.
Lo que este caso nos recuerda sobre el sistema penal
El caso Colmenares no borra el dolor de una familia que, hasta hoy, sigue buscando respuestas sobre lo que realmente le ocurrió a su hijo. Ese dolor es legítimo y merece todo el respeto. Pero el desenlace judicial también deja una enseñanza imposible de ignorar para el sistema de justicia: la presunción de inocencia no puede ceder ante la presión mediática ni ante la necesidad de encontrar un responsable a toda costa. Cuando una investigación se extiende durante quince años y termina sin condena, el verdadero costo no lo asume únicamente el sistema judicial, sino las personas que, mientras tanto, vivieron señaladas por la opinión pública.
Conclusión
Siento consideración por Laura Moreno y Jessy Quintero no porque su caso esté exento de dolor —el de la familia Colmenares sigue intacto—, sino porque su historia expone, con crudeza, lo que le cuesta a una persona ser señalada durante más de una década antes de que la justicia hable con firmeza. La presunción de inocencia no es un tecnicismo: es la garantía que evita que la sospecha se convierta en condena anticipada. Casos como este nos recuerdan por qué una defensa penal técnica, oportuna y sostenida en el tiempo es indispensable cuando una persona enfrenta al aparato judicial bajo el peso adicional de la exposición mediática.


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